El Columnista.net

"El columnismo es la universidad oficiosa del español."

Mes: octubre, 2013

Las escuchas

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Resulta que las escuchas de los Estados Unidos tocan a más de una por cada nacional cada año y se repite aquello que profetizó Umbral sobre las escuchas, cuando lo del Cesid, de que habría que escucharlo todo de todos para luego volver a empezar todos de cero.

La solución a los problemas políticos suele ser la simetría de Cela, a quien tanto llevamos halagado en esta columna, si es que hay columnas en binario, que a veces lo dudo y seguro que Cela también lo dudaba.

Pues Cela creía que la simetría era “la solución” de todo. Los idealistas hablan de derechos, los hombres prácticos hablan de simetría. “De puta a puta, taconazo”, que dice el pueblo, siempre cachondo y refranero.

El problema es cómo vamos a devolverles esto a los yankees, no creo que escuchándole ni a una ama de casa de Wisconsin, no vaya a ser que nos crujan. Por mucho que las amas de casa de Wisconsin lleven el país, que lo llevan y así va. Cosas de los puritanos.

Además de que éstos no escuchan precisamente a las marujas y lo que van es a por el dólar: empresarios, científicos y militares, por ese orden.

Bueno, pues parece que cuando Rajoy llama a capítulo al embajador de Estados Unidos, el que está siendo llamado a capítulo es Rajoy, que ya se nos dice que él ha hecho lo mismo con los moros y mucho cuidado.

Pero es que además los Estados Unidos pueden tener razón, que detrás de esto puede estar simplemente la creciente peligrosidad del género homo y poco más. Que es lo que suele estar detrás de estas cosas. Que los que se tienen que enmendar, no se enmiendan. Y los Yankees mucho menos. Que las amas de casa de Wisconsin tienen la mala leche y la violencia ignorante y oculta de todas las amas de casa, y, si son puritanas, más. Habrá que conformarse a partir de ahora con lo que nos deje caer Hillary Clinton. Pura violencia. ¿Y merecerá la pena escucharle a ésa?

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Buenos lectores

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Primero fue el enigma, el enorme, el colosal misterio de Muñoz Molina “y compañía”. Un enigma que me azuzaba: el de la esfinge que no dice nada. El de la crueldad continuamente proyectada por una completa y patológica falta de crueldad junto como una gran desvergüenza pública junto con la ambigüedad de ideas de segunda mano que otros habrían –seguro- dicho ya antes y mejor…

¿Quiénes eran? ¿Por qué se empeñaban en tener lo que nadie, ni siquiera un loco, pensaba que merecían? Luego vinieron algunas afirmaciones, o ciertas “declaraciones”.

Unas, de A. Grandes, hablándoles a los sindicatos, diciendo que en España los políticos siempre habían estado moralmente por debajo de los españoles. Que era una frase de Cela. Lo decía, eso sí, sin sacar ninguna consecuencia política. Delante de los sindicatos.

Luego vinieron –algo hay que decir- otras, éstas de Muñoz Molina, sobre que el español se está convirtiendo en un dialecto del inglés. Que era otra preocupación de Cela. Por supuesto sin sacar ninguna consecuencia, ni literaria ni lingüística (Cela ofrecía sustituir unas palabras por otras, reforzar, por ejemplo, el “vale” frente a el “okey”, etc.).

Eso hizo que saltaran las alarmas, que siempre les bastan a las mentes dos ejemplos. Luego, ya, me di cuenta. Era evidente. 

Éstos dos le reprendían a Cela, pero con su mismo tono, con su misma voz. ¡Ay! “Deberían tener más cuidado en estos trances”, que diría el gallego y estaban a punto de decirnos ellos a nosotros. Es la locura.

Siempre las mismas expresiones, que eran las de Cela. Siempre el mismo español, que resulta que el castellano es propiedad del último que lo trató bien, que es Camilo José Cela y eso no hay cristiano que lo pueda negar, eso no se lo salta un gitano.

Y un día de éstos, éstos van a presentar a la Academia un discurso de entrada dedicado a la obra literaria de José Gutiérrez Solana. ¿Lo habrán hecho ya?

Entonces me di cuenta: Han elegido a Cela para meterse con Cela. Están atrapados, perdidos. Y la crueldad de la situación, ¡lástima!, asoma por todas partes. Son como esa señora que denunció a Cela de plagio y la que se parecía al estilo previo de Cela era ella. Hay que tener más cuidado.

¡Ay!, lo único que son es buenos lectores. Ése es su único mérito. Si no hubieran hecho lo que han hecho, les diría: “Pobres gentes…. Eso sí, son ustedes muy buenos lectores…”

La commedia

 LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

La commedia dell´arte es “la progre” de todas las disciplinas literarias. Y es “la progre” porque los que dicen amarla, la destruyen. Los progres destruyen las cosas humildes y geniales a golpe de homenaje.

Y uno ya está harto del penúltimo homenaje a la commedia. El de Goldoni, el de Darío Fo... cuando la mejor commedia dell´arte es la de Lope y para de contar.

Seamos serios. La commedia dell´arte es pura genialidad popular y napolitana, la commedia son sus personajes y máscaras, arlecchino y pulcinella. La commedia es la creación de algún buffon genial napolitano -como los retratados por Thomas Mann en “Muerte en Venecia” que dejaron el elitismo de las creaciones para otro momento, que cuando hay genialidad popular -en Nápoles como en Andalucía- queda en suspenso la norma que dice que la cultura es cosa de élites.

La commedia dell´arte es una pura bufonada. Y ni Darío Fo le hace justicia, que al salvajismo de los bufones medievales sólo se les hace justicia haciendo el animal tú también y dejando los homenajes para nunca.

La mejor commedia, la de Lopillo. Que sabía lo que se hacía. “La dama boba” no es commedia, pero se le parece y surge de ella, como toda comedia y cumple con la regla de que el Imperio es quien mejor hace las cosas, sobre todo las clásicas, las anteriores.

La commedia es, como dijo Thomas Mann, un bufón salvaje que cree que no hay nada más absurdo y ridículo y reprimido que el señor. Dejémonos de homenajes y plagios. Ese bufón no se calla por que le pasen dos monedas falsas, el halago y el éxito. Dejémonos pues de homenajes a los bufones que no volverán. No podemos matar siempre aquello que amamos.

Muñoz Molina

Madrid. 05-06-2013 --- El escritor Antonio Muñoz Molina, ganado

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Le han dado el premio príncipe de Asturias a la esfinge muda. Ahora sí que ese premio se ha cubierto del vil material, de la gloria de la que decía Camilo José Cela que se había cubierto allá por los, éstos sí, gloriosos años noventa del gallego.

A alguien con semejante inseguridad ontológica todo premio y toda ropa le queda grande. Miren si no su chaqueta. Y eso, lo de el premio y lo que digo de la ropa, es lo de menos que le pasa a Antonio Muñoz Molina.

Cela le llamaba “el doncel tontuelo”. M. M., por no saber, no sabe ni quién es. Y Cela sí lo sabía. Con eso, por de pronto, basta. Luego ya discutiremos de otras cuestiones, de las que, por cierto, Cela no tiene -manque le joda a él mismo- muchas de las que arrepentirse en esta vida o dar cuenta en la otra.

Al “doncel tontuelo” le dio por decir que el gallego despreciaba “todo lo nuevo” (es decir, a él). Pero la cosa no es esa. La cuestión es que una vez leído Cela no queda andando por el mundo nada nuevo. Ése es el asunto, éste es el punto, querido M. Y que, a la vez, todo lo que dices tú suena a viejo. Nace muerto, tan muerta está esa esfinge dubitativa que se me había olvidado el nombre de M M y no pasa nada. M. M. parece un finado.

Este ejemplo de intelectual hispano, como no escribe, se ha puesto la toga de moralista. Dice que ejerce “su responsabilidad de ciudadano”. Ciudadanos no somos. Y asunto ventilado. Y de serlo, por lo visto a él habría que caparlo civilmente por el bien del procomún.

M2, como le llamaba Cela, que Cela a estos especímenes ni carne ni pescado, ni chicha ni limoná, ni una cosa ni la otra, ni les nombraba, se cree un referente moral. Referente moral puede ser también mi portera y esto lo digo muy en serio. Pero ser referente ético o literario es cosa bien distinta.

Y así M2 va, se planta y “exige”. Y “exige” porque no sabe que “exigir” es tener la capacidad de exigir. Y exige, cómo no, que se acabe la corrupción. Se adivina que M. M. debe ser un referente moral porque no sabe ni lo que significa “exigir” ni que la corrupción es una forma de gobierno –bastante mejor que la honradez, por cierto, dado un estado de corrupción, por eso se adopta. Así que si M. M. pide que pare, yo pido que siga.

M. M. va y hace como que no sabe nada. Y es que no sabe nada. En su lugar escribe el procesador de textos. En la foto se ve que no sabe ni dónde sentarse. No sabe ni quién es él. No sabe ni dónde se sienta. Es la esfinge sin secretos. Que le den de sillón de la tecla de espacio.

La intensidad

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Resulta que el tea party ha conseguido con su presión que Obama esté contra las cuerdas, que es como tiene que estar, y que diga aquello de que “nadie se siente más frustrado que yo”. Y esto nos da un ejemplo de lo que ocurre en Estados Unidos: Que allí viven la política -y la vida- más intensamente que nosotros. Y que además se han quedado como único referente mundial.

La intensidad nos da una idea de “la diferencia”, que dicen ellos. Y su “diferencia” no es sino la intensidad: Que ellos tienen un proceso como el nuestro de La santa transición, pero cada lustro, más o menos. Y si no, véase el tea party, que hasta un anarquista como Chomsky se ha visto obligado a darles la razón, lleven o no lleven pistola. A los Estados Unidos le dan la razón los anarquistas. Y eso es que les van bien las cosas.

Lo que diferencia a los Estados Unidos de las demás naciones, como lo que nos diferenciaba a nosotros cuando éramos “la más feliz entre las naciones” de las demás, era, simple y llanamente, la intensidad, que entonces era la Conquista  ahora no es nada, ni los prohibidos toros.

Que las cosas, cuando se hacen bien, no dependen de ningún burócrata, vamos, que dependen de ti. Las cosas dependen de nosotros y no de una ventanilla ni de un formulario que ni siquiera están hechos. “¡Ojo con los burócratas!”, nos advertía Cela. Cuando se hacen bien las cosas es cuando las haces tú o el vecino.

Mientras Estados Unidos hace Historia, nosotros hacemos formularios incapaces de prever el futuro. Y lo que se nos escapa por las grietas de la existencia es esa intensidad y ese humor, que las cosas, si sirven, son como la vida misma y, si están en consonancia con ella, con la vida, tienen que hacer gracia, pues son de suyo caóticas y graciosas. Además tiene que ser gracioso.

Los estadounidenses han improvisado y han dejado los planes de su presidente sin presupuesto, como un formulario que no sirve de nada, que para eso están ellos allí, para que los formularios no signifiquen ni sirvan y sean lo que deben ser: peor que papel mojado.

Y aquí venimos arrastrando nuestros mitos desde La transición, que se la sabe tan de memoria el personal que han decidido empezar a olvidarla. Por hacer algo.

Albert Pla

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Albert Pla ha dicho que “a él siempre le ha dado asco ser español” y que le gustaría que se obligara a hablar el catalán en Gijón “por cojones”.

Dejemos la segunda afirmación de lado porque ahí Pla puede tener más razón de la que parece y además muchos no se la hemos podido dar hasta hace poco porque los curricula de este país pasan del 31 al 78, como si nada, haciendo desaparecer todo lo que está de por medio.

En cualquier caso, y yendo ya con la primera afirmación, la del “asco”: Lo que no sabe Albert Pla es lo que hizo gente como Camilo José Cela con ese “asco de ser español”. 

Cela se construyó una España de miniatura -negra y pesimista, pero real, muy real- para que viajara con él a todas partes y no es casualidad que le dieran el premio Nobel de literatura por ello. Y Valle-Inclán se hizo otra con una lengua española para él solo, como decía Umbral. Y es que resulta que España, y el asco español a España, es muy universal y muy válido y valioso, tanto que no se sabe si hay que sentir asco por España o por el que siente asco por España. (Algo así como el viejo rabino que pedía rezar por los que creían que había que rezar.)

Pues resulta que el universal es Cela -que se aguanta ese asco por ser español y hace algo con ello- y no el pretendidamente catalán y universalísimo Pla, al que sólo le conocen los que van a sus conciertos y para ya de contar y además pierde toda la fuerza por la espita.

A mí lo del asco por ser español me parece muy bien. Yo sólo digo que, visto lo visto, sale bastante rentable, amigo Pla, aguantárselo un poco. No vaya a ser que ese asco se convierta en algo universal, tan universal -aunque diverso- como la Sagrada Familia. O incluso más.

Las súperprofesionales

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Ahora, con el río revuelto de la crisis, han desembarcado en la televisión las súperbecarias, garantía de profesionalidad e independencia.

Pero las súperbecarias ya no son las antiguas súperbecarias, tipo las invencibles del ABC, ahora son ya unas súperprofesionales del medio en cuestión.

Lo de la profesionalidad es algo que en España lo trajeron o se inventaron los futbolistas –España yo creo que tiene desde lo del final del Imperio la importación de ideas más extraña- y yo ya me he posicionado en contra muchas veces porque lo que hay que hacer en este mundo es ser amateur y mandar la profesionalidad a tomar por… En este mundo los amateur lo han hecho todo y los profesionales no han hecho nada más que contarlo.

Estas súperprofesionales llevaban años atestando la radio, que ya es de por sí un medio muy canalla, en el que no se da la cara, y ni habíamos notado la diferencia. Y ahora han llegado a la televisión con su profesionalidad a prueba, sobre todo, de bombas de la ETA. Lo malo es que la profesionalidad no existe, hay que inventarla. Y ahí está la trampa.

Y la mentira de estas súperprofesionales es que prometen no dejar escapar a nadie con vida y se les escapan los invitados todos vivitos y coleando porque lo dejan todo a medio decir, que además eso queda muy femenino. Lo dejan todo en un “tú ya me entiendes” prematuro y que nadie entiende.

Y es que las súperbecarias se tientan la ropa antes de decir algo significativo, antes de decir algo con sentido, casi. Las que han llegado a la tele con la crisis son unas morenazas cabreadas y de ceño fruncido de Julio Romero de Torres que luego se nota que están muy contentas porque salen en la televisión. Que es lo que hubiera querido verdaderamente la muchacha piconera: salir en televisión. Pero todas, la piconera y las otras, estarían mejor friendo un huevo.

Y así, entre que el español siempre ha sido buen entendedor y que ellas no quieren “hacer sangre”, cogen, agarran, templan, fruncen su bello ceño ante el invitado y a los pensionistas enamorados de ellas y de la cajera del banco ya les basta, que “hoy la Pastor ha estado muy crítica, mírala si no qué cara le ha puesto”. Que en España no ha habido Revolución francesa. Y que aquí vale más Julio Romero de Torres. Y un huevo frito. 

Leopoldo María Panero

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Rubalcaba dice que el PP lleva funcionando en B “muchos años”. Rajoy, que el Psoe lo hace en Andalucía y que hay sindicalistas que han robado miles de millones. Sindicalistas exentos de trabajar, que amenazan a la juez y que salen del juzgado gritando “¡libertad!” por gritar algo.

Política corrupta de estos años, política comprada desde el principio. Política corrupta desde la Transición, cuando los Panero decían desde Madrid que algunos “ya habían pasado”. Pero España y sus instituciones siguen sin valorar a Leopoldo María Panero.

Pero al final, con el pasar del tiempo, la única ética que queda es la ética del mal. Poe. Maupassant. Nietzsche. Y el poeta con la ética del mal de esta “democracia participativa” es Panero. Y con una ética de la cárcel como la que aprendemos en los documentales del National Geographic.

Hace poco le acusaba en una página web un canario sentimentaloide de no saber comportarse. Había orinado en la calle. Pero no es que Panero sí sepa comportarse, es que es el único que sabe.

La ética, con el andar del tiempo y de la historia, vas viendo que es toda ella ética del mal, la ética de la cárcel, la ética de Bárcenas, la ética de los grupos criminales, la ética del partido socialista. (Panero llamaba a los presos “las monjas que no lloran”. Y ninguno de ellos llora precisamente desde los titulares del periódico.)

El joven canario se escandalizaba porque alguien, Panero, orinara en la calle. De todo hay a esas edades. La crisis de los cuarenta es ante todo una crisis de moralidad. Una crisis que pide reconocimiento. Como sea. Es el último giro de timón que expulsa la poca moralidad que quedaba del barco de la juventud. Y ya luego el barco queda solo. Como el Arthur Gordon Pym.

“Te mataré mañana cuando la luna salga, te mataré mañana poco antes del alba, cuando el primer somormujo me diga su palabra, escribe Panero. Y se ve que Panero no desentona en absoluto con la ética media del español y sus asesinadas. Sin embargo, asombrosamente, el español le da la espalda porque se mira en un espejo iluso, que decía su padre, que era igual que el hijo. (En las casas, como la de Panero, la inmoralidad se aprende más rápido que la virtud.)

Lo que ocurre es que los españoles, como ese canario, no tienen la madurez para darse cuenta de algo que Panero ha dicho desde los diecinueve años y algo que decía Nietzsche. Y es que la ética que funciona no es ética, es otra cosa. Y eso es algo que se ve con el tiempo.

Por eso pido yo reconocimiento para Panero. Es mi último signo de moralidad.

La postmodernidad, hecha piedra

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Aquí he venido atacando con todas las armas posibles ese bello fraude filosófico y espantoso túmulo de ideas -entre muertas y canallas- en lo político que es la postmodernidad. La postmodernidad es como esos retratos de Budas metálicos que se han puesto de moda y que a mí tanto me impresionan: Es fría, snob, indiferente.

La postmodernidad, de tanto énfasis que pone, resulta incomprensible, de tanto que farfulla, inexpresable, de tanta igualdad se convierte en un desorden casi total. Pero con una excepción: La arquitectura. La postmodernidad florece hecha edificio, hecha teatro, hecha escenario, simplemente porque todo, la realidad, no es sino un escenario vacío, sin obra, sin dramaturgo, sólo con actores, todos mudos, la postmodernidad.

La postmodernidad le ha hecho a la arquitectura el bien que le hizo a la piedra la arquitectura de escenógrafos, que hacía de cada ventana un nuevo teatro. Convierte a la ciudad en un escenario, que es lo que es, y el resultado, cada noche, cuando emergen las luces y se elevan, es impresionante.

Las fachadas se convierten en eso, en fachadas, las columnas levitan desocupadas de tan poco trabajo que tienen y tu amigo sale de un portal que es sólo la línea de una comedia o de un drama. Dice su línea y pasas a otro edificio, que es parte de otra comedia. Y así Robert Stern -que hizo Eurodisney- y Rob Krier y, en otro orden de cosas ya más polémico/profundo/molesto, la deconstrucción de Frank Gehry.

En todos ellos no tienes el problema que tiene la postmodernidad de carecer de fundamentación porque todo edificio, por el mero hecho de estar, ya se sostiene.

Con la postmodernidad arquitectónica todos los pisos burgueses se convierten en meras fachadas y, con ellos, todas las vidas, todos los burgueses mismos y todos los libros de sus casas, que están, y han estado siempre, huecos, son meras fachadas de un arquitecto que se ha quedado a gusto.

Pero esto ocurre, de alguna manera, porque la arquitectura es plástica y no pensamiento, porque es fachada, vista, alzado vacío y no, nunca, fondo. Debe ser porque toda la arquitectura es mentira, alarde, dinero, trampantojo. Porque siempre hemos vivido en fachadas, en escenarios de cartón piedra y no, nunca, hemos vivido en casas. Recordadlo: No vivimos en casas. Vivimos en portales, vivimos en tal o cual portal.

El cine español

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Veo con pena las desventuras de esa franquicia mal diseñada y mal rodada que es el cine español, ahora, lo último, con ese cruce de declaraciones entre dos ministros, uno a favor y el otro en contra de las subvenciones. Y es que el cine español ha pasado a ser cosa de ministros (en realidad, lo ha sido desde sus comienzos franquistas). Y, por lo visto últimamente, ellos lo han querido.

Ya hemos dicho aquí que el español es una clase muy especial de avaro o aprovechado: aquél que cree que lo que da el Estado es gratis. Y así el famoso director Juan Antonio Bayona, diciendo que “hemos” dejado de invertir en cultura. Dejando lo ñoño y denteroso -para mí, si lo piensas bien, todo son denteras; la dentera es una de mis herencias de la adolescencia, muy útil para captar lo indecente omnipresente, pues los adolescentes piensan sólo mediante la dentera- de este uso de la palabra “cultura”, que se resume en algo así como que sus premios son los “Goya“, le gustara al sordo o no, dejando eso de lado, decía, para el Señor Bayona sí que sale gratis la cultura. Él es el único al que le sale gratis, en puridad. Pues “cultura” es el parné que todos nos gastamos, nos pregunten o no, que no nos preguntan, en sus películas.

Conozco de cerca el cine español. Sé de sus rodajes veraniegos. De los relajantes “spas” en los que suelen acampar, de su argumento obligado de conflictos con los actores. Conozco a un becario al que le endosaron siete latas de celuloide porque estaban todos en Asturias, terminaba el rodaje, y cayeron en la cuenta de que ninguno pasaba por donde el laboratorio, vaya por Dios. Lo que quiero decir es que el cine español necesita algo así como un susto. Quizá no una privatización total, pero sí un susto benevolente.

Por ejemplo, prohibir el doblaje y dejar que se maten entre ellos en la busca por la vida. Como hacen los estadounidenses. A ver si entonces les da por no llevar ellos las cintas al laboratorio, personalmente.

Pero no creo que nadie vaya a cambiar nada. Y menos aún dejarán que compitan a muerte entre ellos. Porque ya no es cosa de nadie en particular. Han conseguido que sea cosa de dos ministros.