Raphael

por elcolumnista.net

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Ahora, con la Navidad, aparece de nuevo Raphael, que es ser o ente o persona que aparece por estas fechas, quizá por ser entrañable o por cantar aquello de “yo soy Él”.

Raphael ha hecho de todo y ha bebido de todas las fuentes. Yo siempre he creído que en la exageración del genio tenía deudas con Dalí. Nadie domina la puesta en escena del genio, el trampantojo del propio genio – que es siempre falso y ridículo- como él. Y el Rapha todo esto lo llevaba a los extremos. Hasta el cáncer aquél que tuvo pensamos que lo iba a vivir, a expresar, a lo grande. Y es que el genio es casi siempre el genio vacío, la exageración del propio genio. El escenario y la máscara. Vivir no la realidad, sino la máscara que vive la realidad, vivir indirectamente.

Por hacer, Raphael ha hecho de todo. Cometió hasta el pecado de irse a Rusia en el franquismo y el doble pecado de maltratar a las pobres rusas con sus desplantes apolíneos y tremendos. Pero las pobres rusas estaban al otro lado del telón de acero y no entendían. Las Nadezhdas lloraban imperdonablemente por su culpa. Pero luego Raphael se suele sonreír él mismo de sí mismo en el escenario, se recompone y resulta que todo era mentira. Y, claro, se le perdona todo, como se le perdona a todo poeta que vive realmente de la poesía, haga lo que haga.

Raphael ha hecho, como decimos, de todo. Por un lado es pop puro. Por el otro, Raphael, con sus conciertos por el País Vasco, ha sido de lo poco que une a España, que la política nunca acaba de llegar a las mujeres, sus admiradoras. A España la unen sólo cuatro cosas: el alcohol y la fiesta, Raphael y el cachondeo consiguiente que es como el epílogo o postfacio de todo lo que se hace por aquí. Y a Raphael se le respeta mucho en el mundo secesionista.

Raphael es un daliniano de la época última de Dalí, la de los ovnis o platillos volantes, que es, claro, la que le tocó a Raphael en el cúlmen de su carrera, en los años setenta. Dalí ha sido el pintor que más ha influido en las otras artes y Raphael es destino y trazo de un puro superego freudiano sobre el escenario.

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