Los cetáceos

por elcolumnista.net

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Según la prensa, la explotación de los pozos petrolíferos del golfo de Valencia –siempre Valencia y luego siempre un golfo- puede causar sordera, dolor agudo y hemorragias internas a todos los delfines y ballenas en un radio de casi 300 kilómetros.

Y yo, en nombre de la inteligencia en la Tierra, es decir, en nombre del delfín y del cachalote, digo que no merece la pena salvar Valencia a través del recurso fácil a sus aguas marinas y que ya basta con el mercado pletórico valenciano. Que en definitiva todo lo pagan los delfines para conseguir que Valencia vaya tirando de tanto BMW y tanta chatarra como construye y destruye la Comunidad Valenciana, del Palacio de las ciencias a la copa de vela pija que organizan a todo, absolutamente a todo lo demás.

Pero yo pensaba que a todo esto, a toda esta basura humana, delfines y ballenas, sabios y de sangre caliente como son, le hacían oídos sordos. Y resulta que se los revientan.

Las ballenas que se quedan sordas ante la estupidez humana de sónares militares y perforaciones de tímpano petroleras luego embarrancan en lo que ya es un suicidio y no un despiste colectivo del líder de la manada, como suele decirnos la prensa en un escueto comunicado a pie de playa.

Se quedan sordos y vagan de playa en playa, de suicidio colectivo en suicidio colectivo, las ballenas, que Umbral decía que eran todas las grandes ideas-ballena, todas las ideas-mundo del siglo XX, que embarrancaba ya entonces por todas partes.

Pero yo no soy Umbral y no echo de menos pero sí echo de menos esas grandes ideas, que siempre han de pasarse por el tamiz ligero, light, de la democracia para ser realmente grandiosas.

Lo que está claro es que tampoco el liberalismo tal como está ahora le hace bien a las ballenas. Y un servidor visitó el zoo de La Havana y vió a un delfín en una cochambrosa piscina del campo soviético –bastante menor de la que utilizan los pioneros comunistas (¿Qué creían?, ¿qué no hay clubes y pijos en el mundo comunista?) para hacerse unos largos lejos del pueblo bajo. Todo por el pueblo pero sin el pueblo. Todo por el pueblo pero sin los delfines.

Aquél delfín de La Havana salía a saludar a todo el que pasaba por su piscina. No he visto mayor marcialidad comunista en Cuba. No. Ni nadie más decente en todo La Havana, que, dicho sea de paso, es y será siempre una ciudad llena de putas.

Al parecer, ninguna idea-mundo o idea-ballena, ni la del liberalismo ni la del comunismo les hace bien a los delfines. Por esto es que yo digo que hay que estar abierto a la novedad en este sentido. Que lo mejor de ambos mundos, el comunista y el capitalista, siguen siendo sus delfines.

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