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"El columnismo es la universidad oficiosa del español."

Kaláshnikov

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Acaba de morir, con su mente fría de ajedrecista de la guerra fría, Mijáil Kaláshnikov, el inventor del AK 47, y además el próximo año se cumplen 100 años de la Gran guerra. Así que mucho cuidado, que se van cumpliendo muchos aniversarios; demasiados. Que las efemérides nos rodean y disparan desde los periódicos y la agenda de los periódicos no es sino la agenda de la nación.

Uno ya ha tenido muchas experiencias bélicas virtuales con ciertos intelectuales, del estilo de las de “Quince bajo la lona” y ya basta, digo. Y es que gente tan poco sospechosa (de agresividad, de otras cosas no sé y además por otro lado ya lo sabe todo el mundo, que son de la otra acera) como el improbable Emilio Lledó, de pronto se confunde con la película aquella de quince sobre la lona y con determinados problemas inguinales y de gusto por medio, pierde la razón y se suelta con una loa a la guerra.

Y con tanto centenario por ahí va a ir 2014. Un año que recuerda cómo, cien años antes, Europa confundió la guerra con la primavera. Y puede volver a hacerlo, ojo.

La guerra, dicen, saca lo mejor de cada hombre. Pues yo digo que si no lo ha sacado antes, entonces no era tan bueno de dónde salía lo bueno de cada hombre. Calma y frialdad. Ante todo. Y menos guerra.

A mí eso de sacar lo mejor matando me parece exagerar un poco y como coger el rábano por las hojas, digo. Como cuando dicen que la guerra crea riqueza justamente destruyéndola. Que ya Mussolini estetizó la guerra y la violencia atacando a unos etíopes que le respondían con lanzas.

Y es que en el siglo XX, además de la guerra fría, sólo ha habido una guerra justa, la segunda, que provino de otra injusta, la primera, y los que estetizaron la guerra fueron precisamente ellos, los que la hicieron, los fascistas. El que más cojones le echó a la Gran guerra fue Bertrand Russell negándose a ir y haciendo de pacifista.

La guerra estará muy bien y además, como dice mi estratega de cabecera, el israelí Martin van Creveld, a la guerra hay que ir todos contentos, que si no, no hay que hacerla. Sí, estamos de acuerdo, ma non troppo.

Y al que le joda no poder ir a la guerra que haga alpinismo, que eso está permitido y además despeñaderos si te fijas los hay por todas partes. Y te salvas tú mismo y a ti mismo y todos contentos.

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El aborto

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Con el aborto ha vuelto a pasar que han opinado todos, un ministro del Opus Dei, la oposición demagógica, los periódicos que se odian, menos los que tienen que hablar, que son el nasciturus, que no puede, y la mujer, a la que por lo visto no se le deja. Todo esto es como esa película rumana en la que la cámara intenta fallidamente tener la perspectiva de lo que ve el aborto, entre las piernas.

Y todos andan fatuos y brindando por el éxito de una nueva ley por las esquinas, gentes que ven el éxito en escribir leyes. Leyes grises y caducas. Gente gris y entrometida, adelantada.

Y así nadie ha tenido en cuenta que la mujer “es un columpio de sangre”, que decía Aleixandre, “un bote que se sube y se alza con la marea”, que decía Umbral. Y a mí, con esto del aborto, lo que me interesa es la opinión de la mujer. Escucharla. Que esto es tan sangriento que seguro que tiene algo importante que decir.

No me va a interesar defender aquí una vida, que eso es lo que menos le interesa a un ministro cristiano y beligerante en cualquier guerra, la primera, la que toque, la que sea, la que manden los USA.

Lo mejor de la ley es lo de la obligación de reflexionar durante siete días y eso me recuerda a la obligación de reflexionar de cuando me castigaban en el colegio las monjas por decir que había más libros que la Biblia. Los católicos no saben que no se puede obligar a reflexionar, que no se puede obligar al caballo a beber agua y parece que su Historia parece toda una guerra simple en contra de esta evidencia.

Lo del aborto es uno de esos casos conflictivos que no dejan contento a nadie, que te ponen en contra de todo lo que saquen en la ley porque falla algo previo, falla el hombre. Y el hombre aborta. Todos los comienzos de Valle-Inclán tienen a un hombre intentando de convencer a una mujer de que abandone o mate a un niño.

Mientras tanto, y con este trasfondo valleinclanesco, un ministro cristiano intenta imponer él solo leyes que no se van a poder hacer cumplir (basta un billete de avión). Yo digo que habría que dejar el columpio de sangre y la barca en la marea como estaba. Yo, sinceramente, es que con estas cosas no me metería… Da hasta miedo.

Los perros

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

De nuevo, como siempre, un estadounidense, esta vez el fotógrafo Seth Casteel, acaba de hacer el libro de fotografías más vendido esta Navidad con fotos de perros que se lanzan al agua en busca de pelotas.

Dejemos de lado el agua, que es aquello de lo que es capaz de hacer el perro por su amo y su pelota. Y vayamos a la pelota y al perro.

El perro, que como decía Voltaire de don Quijote, se pone metas-pelota para probarse. (Lo cual únicamente no es cierto de don Quijote, quien no se ponía metas, sino que éstas se le imponían, se las creía, pero sí lo es de todos los demás.)

El perro y su meta. Todo perro necesita una meta, más aún que un amo, quien también es una meta para él. Si no, sin meta, el chucho no está completo. El perro es la necesidad de una meta, el perro es inteligente como lo son todos los esclavos, pues sólo los esclavos se ponen metas y viven de acuerdo a ellas.

Este tal Seth Casteel hace el aguafuerte del garabato del perro, el garabato que le va bien al perro y a su alma desorganizada y caótica. El perro garabateado, el perro ha de ser garabateado por su alma, mientras que el gato ha de serlo por su aspecto y por sus uñas y sus acciones discontinuas, sorprendentes, totalmente indeterminadas.

Casteel ha tomado perros viejos de perrera, perros de diente desgastado, cocker de ojos secos y tristes, de años duros en los ojos, perros solos pero que aún aman una pelota y un amo soñados por ellos, perros sin amo, pero con pelota, perros. O quizá la pelota sea incluso más importante que el amo, quién sabe.

Perros que no tienen lo que el perro más quiere, relaciones, manada que crece mediante amistades -perros amigos-, pero tienen pelota. La última pelota. La definitiva. Perros que necesitan amo y demuestran que lo quieren al amar la pelota, que es el amo quien se la lanza, una y otra vez.

Y el niño –de ahí el interés del libro de Casteel- es como el perro. Necesita también la pelota, todo niño con una pelota está ya en su meta. El niño necesita la pelota y la cinta sin fin de la bicicleta. La pelota es, para ambos, niño y perro, perro y niño, metáfora del mundo. Pero de un mundo alegre.

Sólo un niño triste y homosexual como Allen Ginsberg pudo decir que de adolescente veía el mundo como el interior de una pelota de goma gris. La pelota es todo el mundo para el niño y sólo es un mundo gris para el niño homosexual, solo y triste.

En definitiva: Que estas Navidades que me regalen el libro de Seth Casteel sobre pelotas y perros, perros y amos. Es pura Navidad. Tal y como yo la entiendo.

Suecia, pensando

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Los suecos, siempre a la vanguardia de la socialdemocracia, se han sacado de la manga un método de clasificación de películas que consiste en que dos mujeres deben hablar de cualquier cosa que no sea un hombre. Si dos mujeres hablan de un hombre, la película baja de categoría democrática. Antes las mechas que un hombre. Y eso con la tendencia a hablar de cosas vivas que es –Dios sabrá por qué- tan femenina. Y nosotros estamos vivos, ¿o no?

El argumento es de un tal Tove Torbiörnsson, el director de “Películas y sociedad”, un órgano central –ése es el problema- del gobierno sueco: “¿Si las mujeres suman el 50% de la sociedad sueca, por qué sus historias van a tener menos valor?” Esto es, hagan lo que hagan, si ya son el 50%, está todo hecho. Las tratan como a ganado. Peor que a ganado, pero sólo a las listas.

“Cuando una mujer hace una película, se dice que es para un público femenino. Cuando la hace un hombre, se supone que es para todos los públicos. ¿Qué sentido tiene eso?”, se pregunta Torbiörnsson. Que no saben hacerla, ese sentido tiene.

Ya me decía un amigo sueco que en Suecia desde hacía ya demasiados años lo más importante eran las tonterías. Pero el problema es que los suecos lo están haciendo bien. Que llevan haciendo las tonterías pero que muy bien de un tiempo a esta parte. Éste es el problema, o si no ni estaríamos hablando de ello.

El problema es que la cosa, el método de clasificación, es bueno y también miserable. Como su política de multar al cliente y en definitiva exportar las prostitutas a Dinamarca. Todo muy bien pensado. Al servicio de una reacción sueca. Es la Suecia moralista. Los suecos piensan como la sección femenina.

Con esto del feminismo militante yo siempre me acuerdo de el final de Tristana. La amargada Tristana tiene derecho a reclamarle al varón, pero antes Buñuel le obliga a ver, como en una película, antes de terminar, todo lo que el varón ha hecho por ella; ella, una tullida a la que le falta una pierna que es precisamente el varón, el hombre que le falta pero de el que no sabe hablar. Un planteamiento muy conservador, el del comunista Buñuel. Y muy anti-sueco, por lo que se ve.

Dejémonos de florituras y vayamos a lo más básico, que es lo que falla siempre. Lo que tiene que reconocer Suecia y un método de clasificación sueco es a Ingmar Bergman. Siempre hay una mujer guiando a un hombre en las películas de Bergman. Y a Bergman de seguro que le gustaban las mujeres porque hablan de hombres cuando están solas.

Pero Suecia ya no produce películas del finado Bergman. Ahora las clasifica. En la peor de las categorías, por lo que se ve. Ya tenemos a dos genios, Buñuel y Bergman, posicionados en contra de Suecia.

Uno siempre ha dicho que los muertos se mueren misteriosamente porque hay tonterías diacrónicas que no pueden llegar a ver. Que simplemente no son de su época, sino de un nivel de estulticia un poco, sólo un poco más grande. Quizá a Bergman le pasó eso.

A mí me gustaría que los suecos hicieran por fin algo a favor de la libertad y no de la censura, para variar. Empezamos a verle el perfil oscuro a la belleza sueca, con perdón, al socialismo sueco, que ya con el gran Olof Palme se deslizaba al parecer levemente hacia el claroscuro. A veces dan ganas de que estos suecos dejen de pensar. Que ya van dando miedo. Y esto, este miedo, parece ser una característica de la historia sueca.

El campo

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Resulta que Adelson, el magnate judío de Las Vegas, ha jugado con el poblacho manchego que es Madrid y se larga a otra ciudad, la que sea, con tal de que tenga mala fama. Shanghai o la que sea, ya digo.

¿Y uno qué opina? Opina lo que ha dicho una señora en televisión: “Mejor que se vaya. Que bastante malos somos ya como para traer malos de fuera.” Ha hablado el pueblo. Yo me limito a apuntarlo.

El problema no son los hoteles kitsch, el skyline postmoderno, la fachada que es una fachada y nada más, la historia postmo que sabe que es sólo una historia ni la irrupción de la liquidez de Zygmunt Bauman a la enésima potencia. El problema es que lo que se le hace al paisaje se le hace al paisanaje. El problema iba a ser la mafia, ese imperativo categórico inverso de los Estados Unidos. Y que, ocupando el páramo, siempre rompemos un equilibrio entre ciudad y campo.

¿Qué puede decir o hacer uno que está desinformado, que no llega a mileurista y no tiene parné suficiente para viajar, ni siquiera a Las Vegas? Pues lo de siempre: desempolvar los libros de Historia. A cambio. Por ejemplo: Es un hecho que Mao utilizó al campo, ignorante y bruto, en contra de la ciudad. Y su mujer, que había sido actriz de fama disoluta en Shanghai, odiaba a las ciudades y las denigró. Lo que estaba detrás era, evidentemente, que los intelectuales a los que Mao temía más que a un nublado, vivían en las ciudades. Nada más.

Pero a lo que voy es que en este mundo la justicia, que ha de estar en todas partes, también ha de estar en la relación entre el campo y la ciudad. Y ni una cosa ni la otra. Y uno ve el páramo de Alcorcón y se alegra.

Y, mejor pensado esta vez, lo de Eurovegas es justo para la ciudad, pero se pasa un rato con el campo indefenso. Ya vale de furcias de ciudad y de ciudades furcias. Dejemos crecer el trigo alrededor de Madrid. Dejemos Eurovegas para otro momento. Para un momento con mejor paisanaje. Y con más y mejor respeto por el campo, que, no lo olvidemos, está lleno de cosas pequeñas y mojadas.

El chino y las compras

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

Los periódicos de los ceros y los unos se han hecho eco de la trágica historia de un chino que se ha suicidado durante las compras navideñas, en protesta tras más de cinco horas de compra de zapatos con su novia.

Lo primero que hay que decir es que todas las novias nos han puesto en tesituras parecidas y quien más quien menos se ha quedado balanceándose de la balconada desde la que se tiró el impulsivo chino contra los adornos navideños.

Pero hay que decir que, siendo dos horas de compras “y luego a casa” la cosa más vulgar, a más de consumista, vulgar, para todo lo que pase de cinco horas la cosa se empieza tornar genial. Estar ocho horas comprando es lo mismo que estar ocho o nueve horas hablando. Esa mujer es a las compras lo que Fidel Castro a los discursos. Nueve horas de compra son generar nueve horas de monólogo interior y eso es genial en sí. Esa mujer sabía lo que hacía. Yo no invento nada. Los filólogos le llaman “bulto” y lo ponen en el haber de la balanza de la crítica literaria.

Lo que yo propongo es declarar a este chino como el primer santo de las Grandes Superficies, como un mítico Cable Hogue de las compras y a la misma altura de San Genarín, el vagabundo de León que fue el primero en ser atropellado por el flamante camión de la basura.

¿Quién era este chino? Ésta es la pregunta. ¿Quizá era un Cela, chino pero etnocéntrico como era Cela, que lo que quería y deseaba era celebrar el año nuevo chino como Dios manda y no la Navidad occidental y afeminada como afeminado es todo integrarse en lo universal?

En cualquier caso yo me resisto a culpar sólo a los Grandes Supermercados. Que de eso ya hemos escuchado bastante.

Las Grandes Superficies han sido denostadas antes de estudiadas. Y cada Gran Superficie es un universo, un mundo en sí. Umbral ya se dio cuenta de que eran un proyecto lírico más y de que la sombra del Carrefour al lado de su casa era herreriana. Le debía recordar a la de la catedral de su Valladolid natal.

La razón de que se denoste al Carrefour y se aprecie al colmado, que es lo mismo, es un puro esnobismo progresista más. En el Carrefour se vende de todo, desde literatura, papel y una impresora hasta un hacha con la que cortarse la yugular y así vas pasando de pasillos de buen rollo a pasillos de mal rollo, con cosas diferentes y unas más agresivas que las otras. Y hay todo tipo de gente. Desde la estúpida que compra dos horas obligatorias todos los días y luego se cansa hasta genios santos que se tiran contra los adornos desde el último piso. Yo fui uno de ellos.

Los chistes

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

El Ministerio de Igualdad –Mini-igualdad en Neolingua- acaba de amenazar con llevar a los tribunales a la editorial de un libro de chistes: “Pequechistes” “sólo para chicos”. Con lo jodido que está el mundo editorial y el mundo del chiste, tras la crisis.

Además, la editorial es “Libsa”, que creo que yo tengo algo de ellos, no sé si una teogonía de Hesíodo todavía sin purgar, que los dioses griegos están pidiendo a gritos que les meta mano el Ministerio de Igualdad y ya hubo muchos griegos de entonces que lo pidieron, Platón, cómo no, el primero, Jenófanes a medias y casi todos los romanos (Horacio y tras él Quintiliano), que éstos estaban en la época del “happy end” de los imperios y para ellos todo tenía que terminar bien.

Jenófanes dijo que Homero enseñaba a los griegos a engañarse unos a otros, lo cual es cierto. Como también es cierto de que a engañar no te enseña nadie, ya salimos del útero femenino aprendidos, también las del Mini-igualdad.

Uno ya está harto de tanta feminista postmoderna, que ahí está todo el problema, en la postmodernidad. Las de estudios culturales copan las universidades con eso de “yo he trabajado esto, yo he trabajado lo otro”. Normalmente trabajan “el cuerpo”, a decir verdad el que no tienen, y con lo de “trabajar” parece que dejan caer que siempre recolectan algo. Es como si sembraran. Y efectivamente siempre cosechan. Aunque uno diría que lo que sacan son más bien las malas hierbas.

Pero habrá que aguantar mecha. Al final de los imperios surgen las minorías y lo más importante pasan a ser las tonterías, mira, sale en pareado.

Pero el hombre es animal de mayorías y opina siempre que las minorías que se las arreglen solas. Y además por su propio bien. Bastante mal les han hecho a los maricones con la visibilidad a la que les obligan hoy, sí o sí, cuatro fanáticos enfrentados a otros cuatro.

El mayor problema de las minorías es que obligan a discutirlo todo. Y el tiempo y la paciencia son limitados. Por eso, entre otras cosas, yo siempre he estado con las mayorías, que además son las que ganan. Y yo creo que a la gente le gustan los chistes. ¿O no?

Mandela

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN

No voy a hablar de Mandela. Su persistencia me parece admirable. Fue, ante todo, un hombre tozudo, alguien que persistió contra toda probabilidad. Voy a hablar de la imagen de Mandela.

Y su imagen, la de Mandela, me recuerda a aquella frase, aquél lema -que Panero tiene lemas más que frases, oscuros lemas como “ya sólo queda destino y trazo”- de Leopoldo María Panero que era el de “Yo maté a John Lennon“. Bueno, pues hoy dan ganas de matar al muerto de Mandela.

Lo de John Lennon de Panero era “yo maté la cursilería”, que Lennon y todos los músicos socialistas millonarios de EE.UU. (Bob Dylan, los Beatles, de ahí su nombre…) bebían de los Beat y de Allen Ginsberg, que se humillaba algo bastante al colaborar con ellos y no cantarles las cuarenta a aquellos musicastros de visón y guitarra de oro. Y Panero, siempre amigo de lo oscuro, venía, en cambio, de Hart Crane y Allen Tate, Gottfreid Benn

Y así, Mandela y su persistencia de veintisiete (27) años de cárcel se han vuelto de la misma materia de los sueños de papel couché. Mandela como Diana de Gales. Recordar la frase de Panero es obligado siempre.

Estas celebridades que nos acortan por los atajos del pensamiento son universalmente amadas. Porque nos hacen entender el mundo sin ciencia ni artificio.  Son el antídoto contra la “Metafísica” de Aristóteles. Son el auténtico anti-Dühring, que es no entenderlo y no tener la necesidad de entenderlo.

Dios salve a Mandela y Dios salve a Diana de Gales. Son la superficialidad que nos salva del desastre, como en un cuento de Saki. Mientras el interés no pase de Saki y Diana de Gales a la economía política y a la negociación colectiva y de Mandela muerto a Mandela vivo, estamos salvados. El caso es que no se den cuenta de que quedan miles de Mandelas en la cárcel. Que les quiten las velas que les tienen prometidas y que se las prendan a Mandela el muerto. Ésa es la solución. Y la condición.

Atapuerca

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

En contra y casi rebatiendo a los que hacen de la violencia una ontología y de la muerte una forma de comprender ha hablado “Atapuerca”. Claro y contundente, con su lenguaje de hueso, de cal y hueso sincero, hasta el tuétano.

Lo que pasa es que este país es como el compañero maleducado del colegio de curas, que creía que entender algo era algo así como una forma de matarlo y que iba matando las lecciones una a una y todos suponían con algo de miedo que de mayor iría matando personas una a una o, ya puestos, de más en más.

Y por ahí Gustavo Bueno. Que es de los que aprenden matando. Para quienes las lecciones aprendidas y finiquitadas resucitarán para ser pesadillas de un futuro más justo. Y si no, ya verán. Yo aviso.

El hombre no aprende matando para siempre, sino, en todo caso, muy provisionalmente. La Historia disuelve las ideas como el sol la niebla. Pero ¡ojo!, luego es la niebla la que de nuevo disuelve a la Historia y sus supuestos “hechos”.

Y Gustavo Bueno –quien tenía línea directa con la prehistoria, no hay más que verle-, el colegial que va matando las lecciones de nuestro ejemplo, decía que los Neanderthales y los Cromagnon se habían estado matando y que quedó el mayor asesino de los dos, nosotros. Para algunos, ya lo digo, entender es matar o, más bien, matar es entender de forma radical, innegable, irrebatible, por lo peligroso de no entender la lección ni decimos que no la hemos entendido.

Pero resulta que en Atapuerca también se había cruzado todo el mundo. Además. No sólo de muerte está hecha la Historia. Rara vez está hecha sólo de muerte la vida.

Y que Atapuerca es el tálamo de mil lunas de miel interraciales. Y que no hay más que salir a la calle para conocer a Nenderthales y Cromagnones en nosotros, entre nos.

En Atapuerca lo que hay, además, es amor. Lo que falta ahora es entender y abrir la otra Atapuerca, la de la guerra civil. Seguro que, si nos ponemos a buscar, encontramos amor. Además. También.

El punctum

LA MENTE HIPSTER

IBAN SILVÁN 

Ya ha vuelto con la crisis el “punctum”, que Barthes y los franceses tienen siempre razón y reaparecen con esa falta de hipocresía que es tan francesa como la misma hipocresía. Y con humildad, como sin decir que ya lo habían dicho ellos. Así vuelven los franceses.

Y con el punctum viene lo inexpresable, el mudo terror, la rotura de los huesos de tu cuerpo, su crujir… El pánico al hombre-depredador. O la huelga. O Canal 9. O el monstruo que aparece. Y no lo podemos ni decir. Porque no lo vemos, al punctum no se le ve. Desaparece en negro como la señal de esa maldita televisión.

Pero sobre todo nos asusta la bondad, lo que “ellos” -el 11M, los huelguistas, Canal 9…- caracterizan como bondad. Entonces es cuando ves que estás entre fenómenos morales sacados de un cuento de Lovecraft.

Es el studium y el punctum. España ha abandonado la senda del Studium y se dirige rauda hacia la lógica inexistente del punctum. El studium, según Roland Barthes, es lo estudiado, lo cultural, lo domesticado de la imagen. Y ahora vamos hacia lo innombrable, lo incomprensible, ya digo: lo Canal 9. Esa bondad. La que tenemos.

Y como no lo podemos expresar, el punctum volverá muchas veces más.

Y: ¿Es eso bondad? ¿O es la negra alma del pueblo que surge y se eleva, de la que habla por ejemplo Rafael Amor cuando habla claro y nos dice lo que dice de los piqueteros de la Argentina?

El punctum y el studium. No hay uno sin otro. El punctum es la piel purulenta del juez linchador en las fotografías de Richard Avedon, o la mirada perdida del piloto del bombardero que fue a Hiroshima y se regresó sin la bomba. O Canal 9.

Y lo peor, lo que más “punctum” muestra, es la supuesta bondad. Si eso es bondad es que esto está perdido. Y, como diría Dalí, los tiempos se van a poner históricos, “demasiado históricos para nuestro gusto”.